SV// Manifesto // Post Mother Nada // Crack Rodríguez para el CIRCA

Manifesto

por Crack Rodríguez

Un manifesto del Postmodernismo, en un lenguaje postmoderno. Nos habla sobre cómo nos perdemos buscando una identidad en otros espacios y tiempos que nada tienen que ver con nosotros. Dejarse alienar, es convertirse en masa y olvidar todo rastro de individualidad.
Todo desde la perspectiva de un artista que se encuentra en un medio “postmoderno”.

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Instalación “Volkswagen Neutropolitan Attack” por Crack Rodríguez – Plaza Morazán, calle Teatro Nacional, Centro San Salvador, CIRCA 2012. 

Asumimos demencia en nuestras propuestas en el momento de buscar culpables de doble moral, adornando picardía al recuerdo, así generamos circunstancias de ludopatía con las asociaciones semiconstruidas de la imagen.

Priorizamos las simplificaciones para desenfadarnos de las complejidades del discurso, de la necesidad obsesiva de legalizar un evangelio esquizoide; Trasegando lo que creemos que son despertares mitológicos, como la maliciosa realidad de corcholata, contramarcada con frases de superación. Suponemos que el individuo se debe desenfadar del inconsciente democrático, permitiéndose ser consciente de la transgénica fragilidad del día como un refill, que aplica restricciones en letras microscópicas.

Condenamos lo inerte de los artesanos, en una delicada y grave situación, por el atrevimiento de determinarse individuos hermafroditas depositantes de lo fecundado y depósito del alumbramiento. Sino más bien, como mercaderes huérfanos que la serendipia les suplicó una horda de incertidumbres, siendo flagelada por el recurso del reprisse o serie como una máscara de hambre, que es validada por la supervivencia asfixiante. Bloqueando la autenticidad, factor ergonómico que distrae la omnipresencia y el delirio de persecución de la procreación en su línea de tiempo real, el servilismo y la condicionante de satisfacer la moda del status de pertenencia que adolece las distancias de la sociedad; Dogmatizando este artesanato como anestésico de la mediocridad del éxito. El éxito, enemigo acérrimo de la inquietud.

Rechazamos toda estructura física como limitante de nuestra búsqueda, grado o nivel de un dominante absoluto de profecía como adulterio. Y  le damos su lugar como un simple medio, que no se ha permitido fornicar y ser infiel a la finitud, siendo la doméstica de la eternidad (este estado triste y absoluto) imponente ante su presente y su relevancia, en su delicada situación cronométrica y volumétrica proporcional a la voluntad.

Desconocemos su espacio físico cuando se adquiere la conceptualidad y la pregunta. Porque no pretendemos ser argumentos de nuestros más allás, que van en la multiplicación del chismorreo; Sugiriendo una libertad de lecturas de este misterio hacia el limbo. Insistimos en desaparecer las imágenes concebidas por lo incierto de su continuidad. Nos preocupa ausentar la silueta humana, por un trágico canje de esencias en la predicción de su semejanza de profundidades de las posibilidades de su sombra; Recurriendo al eco del recuerdo para manipular la ausencia, difamada por sus acciones y su memoria, por lo predecible de su conclusión superficial justificada por la materialidad. Tratamos de satisfacer las subjetividades de la distancias del infantil al rutinario, negamos las raíces como punto de partida de la construcción de una identidad que se ahoga por reconocer un azar por testamento. Creemos en la posmodernidad de nuestro contexto, sin transitar por la modernidad. Porque la tradición quedó en manos del poder, por ende la tradición es poder; Enemigos consecuentes al narcisismo de  la evolución, revolución y  realidad inmediata que se dejaron adorar como retrato de redes sociales atrapados en un stalking.

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Imagen por: Crack Rodríguez

Desconocemos lo que se monopoliza por arte, la historia del arte y la historia, las referencias, la cosmopolitan transgresora de la periferia, la capital de la intelectualidad; Porque somos seres vivos sin ellas, por respeto a nuestro contexto, por respeto a nuestra ignorancia, por respeto a nuestro empirismo, a nuestra inmediatez. Repudiamos todo sueño americano, todo sueño europeo y todo sueño salvadoreño, todo sueño recurrente en la sonrisa. Reconocemos solo nuestro pueblo que es el más cercano, nuestra región, nuestra tierra, hasta donde nos sintamos cómodos en la pertenencia. Nos interesa proponer desde nuestra intuición alquilada, porque la semilla es un reojo que no está en el espejismo, intuición alimentada por nuestras migajas mentales de la memoria corta administrándolas con austeridad; Dándonos la limosna de angustiarnos y  privilegiarnos la inocencia y la deformación de las traducciones de la complicidad: vulgaridad, espiritualidad y alienación, tan nuestras que debemos defender como patria que nos recoge. Desheredamos la creación como dictadura de la propiedad intelectual; Sino más bien, como un secuestro al colectivo, complot del plagiador que miente sobre la dependencia a su entorno.

Nos pervierte estar al nivel de las mayorías, porque no nos sentimos forzados a conocer más. Si la información y el conocimiento, no son para todos, no son para todos, no son para todos ¿Por qué tratar de interpretar cómo se vivía antes? ¿Siendo un  resentimiento que imposibilita sentir y realizar su trayectoria en la soledad? No permite llegar a la flexión, mucho menos a la reflexión. La misma distancia tiene la desubicación en el espacio; Porque tenemos problemas con el recuerdo, con los tributos, con las fotocopias, con las interpretaciones, con los covers, con los arreglos, con los prestanombres que traicionaron la inocencia de la locura. Conocer la historia es recalentar pan duro viejo en el microondas, es perder tiempo en el freezer, con nuestra actualidad, es despreciar el pan fresco acabado de salir del horno. Enaltecemos todo entretenimiento como refugio del presente para que los resentimientos y presentimientos no vivan en la ubicación. Espectacularizamos la antigüedad como impotencias ante la sobre-comunicación.

Porque tenemos problemas con el recuerdo, con los tributos, con las fotocopias, con las interpretaciones, con los covers, con los arreglos, con los prestanombres que traicionaron la inocencia de la locura, conocer la historia es recalentar pan duro viejo en el microondas, es perder tiempo en el freezer, con nuestra actualidad, es despreciar el pan fresco acabado de salir del horno.

Valoramos los estados transitorios del momento, la diplomacia de sus personalidades y su estilo; Determinando cruelmente un sujeto blasfemo de sí mismo, condenado al arrepentimiento siendo su naturaleza exacta, llegando a la madurez, inconstancia impredecible frente a la circunstancias que aquejan al bienestar común.

Desconocemos primordialmente las plataformas clásicas, las más antiguas como la pintura, escultura, poesía, danza, teatro, música, siendo mensajeros jubilados de las buenas nuevas, la banalidad de sus sensaciones y pulsiones; Que más bien, entorpecen las especulaciones hacia la infraganti angustia. Desconocemos la técnica en sí como arte. Reconocemos esta burla como una aberración genuflexa y dictadora, que tiene el descaro de proclamarse la esencia, devaluada por su corrupta exclusividad, moribunda de sus dimensiones. La misma evolución de las incertidumbres condenan su praxis, su pulcritud y respeto a sus límites en vías de desarrollo, símbolo de un carrusel que desprecia lo instantáneo. Tal vez nos encaminen como facilistas por la practicidad de nuestra posición al precipicio del error; Trataremos de equilibrar la lectura como analfabetas de la autenticidad, negociando el conocimiento como una excusa. Sabiendo que esta charlatanería la negaremos más adelante por su verdad instantánea y desechable.

Crack Rodríguez se define a sí mismo como: “Carne cruda caminando, que procura instalar el síndrome de la especulación para erradicar los dogmas por la instantaneidad del pensamiento y democratizar los espacios entre la ignorancia y la inocencia; Indeterminando la generalidad del entendimiento en su verdadero espacio de incertidumbre, angustia y arrepentimiento.”
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